   Atado al sol esperas la sentencia
los pies anclados y la mar enfrente;
hoy las hordas te inmolan y al poniente
ya no ondean banderas de clemencia.

   Quieren borrar el rastro de tu esencia
y arrancar los laureles de tu frente,
reventar contenido y continente
y sepultar la flor de tu excelencia.

   Pero el soplo vital de tu legado
arrasará las huestes del oscuro...
y el volcán de tu verbo agigantado

   conformará el bastión firme y seguro
que extenderá el fulgor apasionado
de tu voz, de tu afán, de tu conjuro.