   Alma que marchas disipando enojos:
igual que una mañana del estío,
deja verme en las niñas de tus ojos
como si fuera en el cristal de un río.

   Quiero mirarme en ti. A mis antojos
mirarte atravesar algún plantío...
La tarde luce sus pendones rojos
y quiero unir tu pensamiento al mío.

   Sé fresca como el agua cristalina
que vine de la olímpica montaña
y se arrastra, como una Mesalina

   que desciende a la paz de la cabaña,
bajo la dulce tarde zafirina
que en su precioso líquido se baña.