   Del tierno pecho aquel amor nacido,
que él viviendo mis delicias era,
creció, quiso el pecho salir fuera,
pudo volar y abandonó su nido.

   Y no logrando yo darle al olvido,
le busqué inútilmente por doquiera,
y ya pensaba que en la cuarta esfera
se hubiese al centro de la luz unido,

   cuando tus ojos vi, señora mía,
y en ellos a mi amor con esperanza,
y llamándole a mí tendí los brazos;

   mas él me desconoce, guerra impía
mueve en mi daño y flechas que me lanza
hacen mi pobre corazón pedazos.