   Tú empiezas y yo acabo la jornada...
Vespertino crepúsculo es mi vida
y la tuya una aurora suspendida
en la cumbre magnífica y alzada.

   En la existencia yo no espero nada,
Tú llegas a la fuente apetecida
que con linfas purísimas convida
a emperlar la ilusión de la alborada.

   Recuérdame en tus horas de ventura,
y más en el dolor, torvo y sombrío;
es una estrella la bondad, muy pura.

   Está la noche próxima y oscura,
la barca de Caronte surca el río...
Mitiga en mi memoria la amargura.