   «En cadenas mis palmas se han trocado,
en pesares mis dichas y en afrenta,
y nadie osando restaurarme intenta
de Emilio y Numa el esplendor pasado.»

   Así exclamaba Roma, cuando armado
ante monstruo feroz que la atormenta,
el vencedor del Ponto se presenta
con torvo ceño y ademán airado.

   «Depón ¡oh patria! el ominoso luto,
un hijo tienes que el acero vibre;
hoy muere César o perece Bruto

   mientras exista yo, tú serás libre.»
Dijo, y alzando la potente mano,
descargó el golpe, y expiró el tirano.