   Nímbale el casco broncínea cimera
donde erizado feroz jabalí,
a la ígnea lumbre del sol reverbera
chispas sangrientas de ardiente rubí.

   Pende bruñida tajante altanera
como un trofeo del marcial tahalí,
y la acerada lóriga, severa
surca y blasona la cruz carmesí.

   Yergue su diestra cruzado orifloma,
lleva en la mente su Dios y su dama,
sacro amuleto, feliz talismán;

   y en la hosca brega febril del combate,
hunde frenético, agudo acicate
a encabritado brioso alazán.