   Si mi alma es como un ánfora de hastío
¿a qué brindarme con tu dulce entrega
que me encadena a la mundana brega
cual el reposo ultraterrestre ansío?

   De tu amoroso empeño desconfío;
más que apacible claridad que anega,
es llamarada fúlgida que ciega
y se extingue en su propio desvarío.

   Desatemos el lazo vacilante
que anuda mi tristeza a tu idealismo,
que tu dulce visión consoladora

   se refleja en mi vida un solo instante,
como, sin dejar huella, en un abismo
el resplandor rosado de una aurora.