   Sólo en mi corazón reina el hastío
como un déspota audaz que se entroniza;
lo que ayer me sedujo, hoy me horroriza,
y encuentro el mundo en derredor vacío.

   La nostalgia del claustro mudo y frío
en mi alma soñadora y enfermiza,
como fragante flor, aromatiza
las ansias de mi espíritu sombrío.

   ¡Ay!, yo aspiro a las dichas ideales;
los efímeros goces terrenales
engendraron el tedio en mis placeres.

   Pueblan mis sueños vírgenes con tocas,
y no me encienden las sangrientas bocas
con que besan las pálidas mujeres.