   Media noche. Los astros languidecen
en el sutil encaje de la bruma,
y del remanso oculto, entre la espuma
las flores, embriagadas, se adormecen.

   Los árboles, rendidos, desfallecen,
entre las sombras su perfil se esfuma,
y en su alcoba de pétalos y pluma
las gotas del rocío se estremecen.

   Vago rumor suspira voluptuoso
remedando las quejas de un salterio,
su veste azul la atmósfera reviste,

   y al cuchichear del bosque perezoso,
arropado en las ondas del misterio
el sueño surge silencioso y triste.