   Ciego quise saber lo que es la vida,
lo que tiene de goce y de tormento...
Pero en vano aguijé a mi pensamiento,
en carrera veloz, suelta la brida.

   Justo es, Señor, que mi ceguera impida
calmar mis ansias, infundirme aliento,
si no alumbras mi oscuro entendimiento
y confortas mi fe desfallecida.

   Como el sol, tras la noche tenebrosa,
a la sierra y al valle da colores,
trinos al ave, galas a la rosa,

   luz al espacio y al ambiente olores,
baje a mí tu mirada luminosa
y mis dudas disipe y mis temores.