   Más allá, más allá, dice el creyente.
-No hay más allá, replica el descreído.
-Hay un cielo a los justos prometido.
-No hay más felicidad que el bien presente.

   -No todo acaba aquí. -¡Pobre inocente!
Eres polvo y en polvo convertido
volverás a la tierra. -Yo no olvido
que mi alma ha de vivir eternamente.

   -¿La eternidad?... ¡El pan de cada día,
el deleite fugaz de cada hora!...
-¿Y después?... -Nada más. La tumba fría,

   donde todo se extingue y se evapora...
Donde triunfa el dolor , santa ironía
que aun alienta al que reza y al que llora.