   Jamás ambicioné la investidura
que un azar de la suerte me ofrecía
y me niega otro azar, -locuaz decía
un viejo, que bajaba de una altura.

   -Ave que gira errante en noche oscura
esperando la luz del nuevo día,
mi espíritu cristiano sólo ansía,
tras vida honrada, salvación segura.

   No apetezco riquezas ni oropeles,
ni aspiro a coronar mi frente helada
con guirnaldas de mirtos y laureles...

   Pero anhelo que, al fin de mi jornada,
pedestales, brocados y doseles...
¡no basten a premiar mi vida honrada!