     Inquietos corazón y pensamiento,
por ansia indefinible de ideales,
dejé al pobre jardín de mis rosales
y marché peregrino en seguimiento

   de ese ardiente nostálgico ardimiento.
Corrí villas, praderas y eriales,
preguntado doquiera a los mortales
que secreto espolea al sentimiento.

   Muchos, en la dulzura distraída
del goce material, me motejaron
de necio, extravagante e importuno;

   otros, el gran arcano de la vida
a guisa de sus gustos me explicaron,
y así fueron diciendo cada uno.

