   ¿Qué encanto tienes en los labios rojos,
en los cabellos rubios y rizados,
y en esos claros y rasgados ojos
misteriosos, lascivos, imantados...?

   ¿Qué encanto tienes, di, que así iluminas
todo cuanto en tus ojos se retrata...?
¿Qué encanto tienes tú, que me fascinas?
¿Y qué virtud, que a tu rigor me ata?

   ¡Aléjate, mujer...! Son un martirio
estos sueños de amor, torpes y raros,
este afán de pasión, que me anonada...!

   ¡Hablarte a ti, de amor, es un delirio!
Son muy bellos los mármoles de Pharos...
¡Pero no sienten... ni padecen nada!