   Ojos negros, castaña cabellera;
las mejillas de nieve y escarlata;
las pomas del amor, ¡cuán bien retrata
su turgente y temblante delantera!

   Miradla, por la alegre carretera,
cuando el naciente sol su luz dilata,
y a sus rayos el cántaro de lata
salpicado de helechos reverbera.

   Dibujando graciosas redondeces,
el percal a sus formas ciñe a veces
el viento caprichoso, jugueteando...

   Desnudo el pie, la pantorrilla al aire,
y moviendo su cuerpo con donaire,
oliendo al retamal pasa cantando.