   Es pequeñita, pero todo en ella es grandeza:
ojos de Madre; labios rojos de Pecadora;
caderas amplias; senos de incitante dureza
y cabellera rubia sobre la tez de mora.

   Ella nunca ha tenido momentos de tristeza
y es una frivolilla. Veréisla a toda hora;
ideando algo malo si parece que reza
o rumiando algún goce si parece que llora.

   La niña incomprensible, para mí únicamente
no tiene encrucijadas; sabe que soy vidente
para los pensamientos que entraña su intención.

   Y sólo m domina con poder absoluto
en los breves instantes en que el hombre es un bruto.
¡Entonces sí que es suyo todo mi corazón!