   Murieron, su deber quedó cumplido;
mas del paso del bárbaro monarca
guardaron las Termópilas la marca
clavando en una cruz al gran vencido.

   Cadáver que bien pronto ha repartido
a jirones el viento en la comarca
y en cuy pecho roto por la Parca
el águila del Etna hace su nido.

   La sangre de Leonidas gotea
en la urna de bronce de la historia,
a todo pueblo en lucha por su idea

   ungirá con el crisma de la gloria,
como a Esparta en el día de Platea
al compás del pedal de la victoria.