   De los buitres festín los gladiadores
y haro de sangre el legionario, al frente
de las enseñas tórnase impaciente
a Roma, Craso, en pos de sus lictores.

   De la matanza envuelto en los vapores
yace Espartaco de la cruz pendiente;
y es su can de combate solamente
testigo de sus últimos dolores.

   Sobre aquella pasión callada y tierna
lenta cae la noche hora tras hora;
cuando la sombra por el mar se interna

   y el lampo matinallas cimas dora,
la cruz se yergue oscura, pero eterna
en el vago apoteosis de la aurora.