   Su esfera de cristal la luna apaga
en la pálida niebla de la aurora
y la brisa del mar fresca y sonora
entre los pinos de la costa vaga.

   Aquí murió de amor en hora aciaga
Mirtilo, y bala su rebaño; llora
la primavera y le tributa Flora
rústico incienso cuyo olor embriaga.

   Allí la pira está; doliente y grave
danza emprende entorno los pastores
coronados de cipo y de verbena;

   la selva plañe con murmurio suave
y yace, de Mirtilo entre las flores,
oliendo a mil aún la dulce avena.