   Crece la hoguera, muerde con enojo
las ramas cuya esencia bebe el viento
y el baile muere al exhalar su aliento
la última llama en el postrer abrojo.

   En un vaso de arcilla negro y rojo,
recogen las cenizas al momento
los pastores y en tosco monumento
guardan píos el mísero despojo.

   Duerme Mirtilo; floresta Umbría
que en tu sepulcro abandonado vierte
su inefable y serena poesía,

   no olvidará tu dolorosa suerte:
ni de tu amor la efímera elegía,
ni tus bodas eternas con la muerte.