   Mas llegan los pastores en bandadas
al reír la mañana en el Oriente;
mezclan su voz al cántico doliente
y se abren las violas perfumadas.

   Ya se tornan guirnaldas animadas
las danzas; ya las mueve ritmo ardiente
al que hacen coro en la vecina fuente
faunos lascivos y risueños driadas.

   Vibra Febo su arco de diamante;
el baile raudo gira, el seno opreso
de las pastoras rompe en delirante

   grito de amor que llena el aire en ceso.
Mirtilo, el boquirrubio, en ese instante
vuelto habría a la vida con un beso.