   Por las hirvientes ondas azotado
gime innoble peñasco en mar bravía,
y sin cesar retumba noche y día
en torno suyo el huracán airado.

   Así en el mar del mundo alborotado
solitaria se agita el alma mía,
y de oculto pesar la mano impía
mi altivo corazón ha destrozado.

   De la pasión el raudo torbellino
lanzarme puede al golfo turbulento
en donde muere la ilusión más pura;

   me arrojaré en los brazos del destino,
pues ya muerta la luz del sentimiento
sabré contrarrestar mi desventura.