   Honda revolución: ya sé que vienes.
No por injusta ley, no por acaso,
sino porque providencial traspaso
la voluntad de Dios llevas en rehenes.

   De lauro asolador ciñe las sienes;
álzate desgreñada, apura el vaso;
blande el hacha feroz y aviva el paso,
que aún me parece a mí que te detienes.

   Escrito está: tu abominable yugo
has de imponer, aunque a tus pies se arrastre
el mundo que te teme y te acaricia.

   Dios es el juez y tú eres el verdugo;
cumple tu fin, que en medio del desastre
vas a ser, sin saberlo, la justicia.