   Por burla o precaución, según se tome,
hizo el destino, en lo que al mundo toca,
que el hombre, concertadas lengua y boca,
sólo pudiese hablar por donde come.

   Después, temiendo que la duda asome,
aclaró el punto, y dijo: «Lengua loca,
si es el bocado lo que a hablar provoca,
de freno sirva y la palabra dome».

   Mas hallaron su vez los charlatanes,
y de comer y hablar forjaron modos,
diversos sí, pero a la par sencillos:

   Cumplidos están ya tantos afanes;
pues bien se ve que hablando por los codos,
comen más y mejor a dos carrillos.