   La ruin traición, de aplausos coronada,
premia con mano vil bajas acciones:
da honor al fraude, al deshonor blasones,
licencia a la impiedad desenfrenada.

   Cínico el rostro, torva la mirada,
hirviendo en odios, vicios y pasiones,
perjuros, asesinos y ladrones,
lucen su oprobio entre la gente honrada.

   Huye el valor, la indignación no arde,
no halla el miedo servil quien lo convenza,
y hace la fama triunfador alarde:

   Justo es ¡oh Dios! que la ignominia venza;
porque ya en esta sociedad cobarde,
hemos perdido todos la vergüenza.