   Juntos formaron la infantil gavilla
que ya en una, ya en otra encrucijada,
impuso su poder a mano armada,
haciendo de lo ajeno pacotilla.

   De Écija fue terror y maravilla,
miedo y vergüenza de la gente honrada,
y en los anales de la vida airada
honor de los ladrones en cuadrilla.

   Con medios mucho más perfeccionados,
porque el progreso va con las edades,
ya tanta fama ni a la envidia inquieta.

   Niños de Écija... ayer; que hoy bien juzgado
en caminos, en pueblos y en ciudades,
sólo pudieran ser niños de teta.