   La tarde triste por la cumbre asciende,
y el rojo manto de vapor despliega
del alto monte a la tendida vega;
el aire mudo su quietud suspende;

   el cielo en vago resplandor se enciende,
que hasta el confín del horizonte llega;
se apaga el sol mientras la sombra ciega
las negras las por el valle tiende.

   La luz exclama: Con tenaz porfía
en pos me sigues; mas tu negro manto
rasgará el fuego que en mis ojos arde,

   que soy la luz, la vida y la alegría.
Yo soy la oscuridad, el luto, el llanto,
dijo la sombra, y expiró la tarde.