   Luego que arde en destructora llama
dentro de corazones corrompidos;
afán abrasador de los sentidos,
que al alma injuria y al amor infama;

   urgencia siempre viva, que reclama
deleites de continuo apetecidos,
por más que han de ser luego aborrecidos
al helarse el volcán que los inflama.

   Los generosos dones de la vida
a tan ciego placer rinde en trofeo
la voluntad al vicio sometida;

   hasta que al fin del vergonzoso empleo
naturaleza tarde arrepentida,
se convierte en suplicio del deseo.