   ¿Qué misterio de amor reside en ti,
que abandonado a tu divino afán,
del cielo, en forma de sagrado pan,
bajas, Señor, hasta llegar a mí?

   ¿Cómo tan gran prodigio merecí?
¿Dónde escritos los méritos están,
en esta prole mísera de Adán,
para encontrarse sustentada así?

   Como la madre presta su calor,
y alimenta con sangre de su ser
al fruto imagen de su casto amor,

   de la misma manera tu poder
hace que pueda el hombre pecador
de su propia flaqueza renacer.