   De adorno, como lujo, la cabeza;
entre sumas y restas, siempre cero;
a caballo, no hay duda, caballero;
en pergaminos toda su nobleza.

   Tras de su pequeñez, va su grandeza;
con sus deudas, compite su dinero;
por orden de libreas, el primero;
para correveidile, de una pieza.

   No es ni bueno, ni malo, ni mediano,
ni amable, ni temible, ni temido,
ni pródigo, ni audaz, ni ruin, ni vano;

   ni el mundo acierta a ver en qué sentido
lugar ocupa entre el linaje humano;
ni él mismo sabe para qué ha nacido.