   Quiero mis culpas confesar; pretendo
aliviar de un gran peso a mi conciencia.
Tú eres justo, Señor, mas tu clemencia
inmensa debe ser, puesto que siendo

   omnisciente quisiste, padeciendo,
salvarnos del error y la inconsciencia.
¡Oh admirable Pastor!, no tu paciencia
se agote ahora mis pecados viendo.

   Fui oveja descarriada por mi daño
no viendo cuan dichoso es tu rebaño;
mas hoy, triste y vencido, a Ti me llego

   implorando me bañes con tu luz.
¡No desoigas, buen Dios, mi dulce ruego!
¡Deja que abrace tu adorable Cruz!