   Ayúdame, Señor. Los pasos guía
de mi vida maltrecha y desgraciada;
que halle pronto la senda deseada
que la lleve a la paz que tanto ansía.

   Mucho sufro, Señor. El alma mía,
que fue un tiempo una oveja descarriada,
se ha visto perseguida y maltratada
y hoy tiembla desolada, muda y fría.

   No pretendo renombre ni placeres;
ni riqueza ni nada pasajero;
lo que algún día quise, hoy no lo quiero;

   mi querer ya no quiere otros quereres
que en casa humilde, de sosiego llena,
amar a una mujer, cristiana y buena.