   A media noche cuando cese el ruido
de la ciudad; cuando en la azul esfera
se esfumen y se pierdan la postrera
palpitación y el último sonido.

   Cuando en la sombra lóbrega escondido
el astro de la noche tiemble y muera,
y silenciosa torne la agorera
ave a la dulce placidez del nido.

   Cuando todo repose en el arcano...
¡Yo juntaré mi mano con tu mano,
miraré en tusa pupilas lo infinito,

   y al besarte en los labios y en la frente
turbando ese silencio, de repente
nuestro amor inmortal dará su grito...!