   Lloran las cumbres lágrimas de hielo,
que corren por las trágicas pendientes,
y van formando en su camino fuentes,
enamoradas del azul del cielo.

   Entre las grietas del musgoso suelo,
aprisionan sus linfas los torrentes,
a manera de alhajas refulgentes
entre estuches de verde terciopelo.

   Súbito ensanchan sus ruidosas quejas;
y, dibujando monacales tocas,
envuelven su cristal en densas brumas.

   Y el río nace, cual tropel de ovejas
que va dejando en las filudas rocas
enredado el vellón de su espumas...