   Silencio y soledad... Nada se mueve...
Apenas, a lo lejos, en hilera,
las vicuñas con rápida carrera
pasan, a modo de una sombra leve.

   ¿Quién a medir esa extensión se atreve?
Sólo la desplegada cordillera,
que s encorva después, a la manera
de un colosal paréntesis de nieve.

   Vano será que busque la mirada
alegría de vívidos colores,
en la tristeza de la puna helada:

   sin mariposas, pájaros, ni flores,
es una inmensidad deshabitada,
como si fuese un alma sin amores...