   Don Miguel de Cervantes me prestará su pluma,
para escribir mi nombre debajo del proceso.
Quien me enseñó su idioma, me enseñará a estar preso:
también quiso abrumarlo la pena que hoy me abruma.

   Insinuará él razones de sutileza suma
y aguzará ironías contra el destino avieso;
así, sobre las olas de mi iracundo acceso,
se mecerá su risa como una flor de espuma.

   Maestro de los siglos, me ayudará a ser fuerte:
el día que los hombres quieran pesar mi suerte,
vendrá a mí esa figura caballerosa y alta;

   y cuando el fiel severo del tribunal se exceda,
me tenderá Cervantes la mano que le queda
o arrojará a un platillo la mano que le falta.