   Añoro yo aquel tiempo del miriñaque inflado,
de los bucles en torno de la ovalada frente,
de los largos zarcillos de plata reluciente
y del impertinente que hoy ha resucitado.

   En un daguerrotipo, que un fiel enamorado
guarda, he visto una dama de aquel tiempo; y mi mente
se ha sentido confusa, porque en nuestro presente
ya no hay aquella gracia que hubo en nuestro pasado.

   ¡Oh tiempo aquel de gentes que, al mirarlas de lejos,
aparecen rodeadas de una luz misteriosa,
cual si las reflejasen desconchados espejos!

   Tibio rincón de encanto donde el amor chispea,
mientras que en el ambiente perfumado de rosa,
flota el rumor de un ósculo entre una melopea...