   Episodios galantes: citas breves y oscuras;
femeninos perfiles en cerradas calesas;
silbidos que se cruzan en la sombras espesas;
y brazos donjuanescos que aprisionan cinturas.

   Abadías que amparan un hervor de locuras,
monasterios que tienen encantadas princesas;
breviarios en que cartas de amor laten opresas,
rosarios que en los dedos cuentan cien aventuras.

   Es un tiempo que pasa todo él de soslayo:
la mujer sospechosa sufre siempre un desmayo
y el galán bajo el lecho disimula una cita.

   Se diría que Venus a rezar ha aprendido;
y, beatíficamente, moja el ramo florido
de sus dedos rosados en el agua bendita...