   Hay en la paz de la ciudades yertas
ficción de campamentos desolados,
en donde, mientras duermen los soldados,
se oyen sonar tristísimos alertas...

   Vetustas casas, rechinantes puertas;
colgaduras de musgo en los tejados;
escombros contra escombros recostados;
y, dormidas al Sol, plazas desiertas.

   Histórica ciudad: nada amortigua
la pompa colonial que la engalana,
ni su hispano blasón mancha de lodo.

   Tiene el encanto de la edad antigua;
y la mayor felicidad humana:
¡la de vivir indiferente a todo!