   Nunca supe que vieja caravana
resbaló por tus márgenes frondosas,
bebió en tus aguas y peinó con rosas
tu retorcida cabellera cana.

   Hay en el culto de tu pompa indiana
sombras de héroes, espíritus de diosas,
y ecos de una sbatallas fragorosas
que parecen venir del Ramayana.

   En tu caudal de trágicas arrugas,
hacen temblar sus mallas los caimanes
y brillar su coraza las tortugas,

   y en tu escudo ovalado y reluciente,
alrededor de un choque de titanes,
pone su monograma una serpiente.