   ¡Pobre Margarita! Junto a la ventana
miró muchas veces cruzar el amor,
y con las mejillas teñidas de grana
se asomó indiscreta por verle mejor.

   Dos o tres galanes la calle rondaron;
su vecina Rosa se casó en abril,
mas tarde Dolores y Luz se casaron,
mientras ella hilaba su ensueño sutil.

   Así pasó el tiempo. Uno y otro día
vigiló en acecho tras la celosía
los pasos furtivos del bello Don Juan.

   ¡Y estaba la calle tan triste y desierta!
Mas ella aún espera, soñando despierta,
con besos de fuego que calmen su afán.