   ¡Oh Virgen pura! el alma se enajena,
del suelo sus bellezas y armonía,
mas al llegar tu alegre y feliz día
de entusiasmo mi corazón se llena.

   ¡Extasiado contemplo tu azucena!
Tu rostro santo henchido de alegría,
y de amor hacia vos la lira mía
por el ambiente cánticos resuena.

   ¿Qué he de ofrecer en día tan dichoso
digno de vos excelsa soberana?
¿Un clavel rosa, o jazmín amoroso,

   pétalos de azahar, la flor temprana...?
No es poco ofrecimiento, luz querida,
ofreceros mas bien el corazón y vida.