   ¡Oh tú Reina del mundo y gran señora
cuyo rostro en el cielo se dilata
y en las plateadas aguas se retrata
para inspirar mi mente pensadora!

   ¡Oh tú de mis ensueños creadora,
luz de la inspiración que me arrebata,
e imán de la pasión sublime e innata
que el corazón y el alma me devora!

   Niégame hasta el placer de contemplarte
y en pago dame el sueño que deseo
para que pueda más que nunca amarte;

   porque tan triste y mísero me veo
que hasta forzoso me es abandonarte
por los divinos sueños de Morfeo.