   Que bella está sobre el sofá dormida
con su melena sobre el hombro suelta,
dejando ver su pierna medio vuelta
y al falda en su entorno recogida.

   Tiene sobre los senos extendida
su grácil mano cual palmera esbelta
y su ropa así, medio revuelta,
enseña el surco que al placer convida.

   Suspira tiernamente, más tan quedo,
que escuchar el suspiro da trabajo,
y cual lejana música el remedo.

   Estira luego el pie con desparpajo
e indolente se le escapa un pedo.
¡y toda mi ilusión se fue al carajo!