   La trampa de metal brilló sangrienta
ay con la sangre de su propio dueño,
no fue de hechicería su violenta
ponzoñación de tigres y beleños.

   Olvidose el lascivo su mordida
y su vil herramienta lacerante,
y de su cruel lascivia fue medida
su sangre de rubíes y diamantes.

   Por olvidar la trampa en la negrura
sufrió de su ignorancia su castigo,
del mal que pretendió la mordedura,

   nopales tenebrosos por amigos,
y locura terrible a su locura
haciendo de sí mismo su enemigo.