   Después de que escondiera la violenta
forma de vil metal para la muerte,
después de que tomara de la absenta
de la sombra del bosque más inerte

   acechó el animal semidesnudo
pretendiéndole el mal sólo por vicio
y ya de vuelta el evitar no pudo
caer sobre su propio precipicio.

   De lirio y de metal brilló el acero
más frío que moneda despiadada
llevó púrpura manto aquel enero

   y la luna una insignia ensangrentada.
Con mi propia violencia me lacero,
mi propio cepo me hace de almohada.