   Ya el negro monstruo en el espacio gira
de esa desierta habitación callada;
¡Huid!... ¡no haya piedad!... está apestada
y en el revuelo lecho un hombre espira.

   El hijo, ingrato, con horror le mira;
y lívida, y la frente desgreñada,
lejos su madre arrástrale espantada...
¡De entrambos el amor era mentira!

   Cunde el miedo en el tímido y el fuerte;
y al grave riesgo el ánimo abatido,
y en todos mudo el sentimiento humano.

   ¿Habrá infeliz que llore por tu suerte?
Sí, que exhalando lastimero aullido,
lame un perro leal tu yerta mano.