A bocados me come el zapatero,
y a gritos me confunde el boticario
con que vaya y veré en su recetario
como consta deberle el mundo entero.

   Por otro lado sale el tabernero
trayéndome de cruces un calvario,
y por otro con modo extraordinario
una vieja cobrándome el braguero.

   Ni en estío me dejan, ni en invierno
para cobrarme siempre con fiereza,
a pesar de mi modo afable y tierno.

   No me deja esta gente alzar cabeza,
y yo les digo, diablos del infierno,
¿por qué así perseguís a la pobreza?