   Amo, pero ¡qué digo! ¡dolor fiero!
Muero, rabio, ¡ay de mí! pues cuando lloro,
si me obliga a la vida el bien que adoro
es un motivo cruel del mal que muero.

   En uno y otro estado considero
neutral mi vida, pues con vil desdoro
en las contrarias ansias que atesoro
me irrita y cansa ya lo que más quiero.

   Busco en vez del sosiego la fatiga
y hallo en lugar de amor un ciego abismo
que cuanto encuentro en él me desobliga.

   Triunfo soy de tu loco despotismo
y siendo tú, Roselia, mi enemiga,
¿qué paz esperar puedo de mí mismo?