   Era, el Edén: la Creación, naciente,
tipos aislados del Autor divino,
y el Arte vislumbraba su destino
en la forma inicial de la serpiente.

   Abrió la rosa al margen de la fuente:
mujer desnuda, en plácido camino,
llegó a mirarse el rostro peregrino
al limpio espejo de agua transparente.

   Entonces fue la femenil flaqueza;
primera envidia, en donde el Arte cupo
enmendar la infantil naturaleza.

   Eva la flor en su cabello supo
prender, y fueron de la ideal belleza
la mujer y al rosa el primer grupo.